SANTO DOMINGO ESTE.– Mientras el mundo distribuye en distintas fechas los homenajes a la maternidad, el último domingo de mayo marca el momento cumbre en que la República Dominicana se detiene para honrar a las madres. Más allá del evidente dinamismo comercial y los obsequios materiales, esta festividad adquiere una dimensión profundamente espiritual en el corazón de las distintas denominaciones de fe en el país, consolidándose como un espacio de profunda reflexión y gratitud a Dios.
Aunque históricamente pueden existir matices teológicos o metodologías distintas en la manera de conmemorar la fecha entre católicos y evangélicos, el Día de las Madres opera como un puente de unidad indiscutible. En cada altar, púlpito y hogar cristiano, la figura materna es reconocida como el pilar fundamental del diseño divino para la familia y la sociedad.
En el ámbito católico, la celebración se vive con un arraigado ahínco y una devoción que conecta directamente con la figura de la Virgen María. Para la feligresía católica, María es el símbolo por excelencia de la maternidad: un modelo de obediencia, fe inquebrantable y entrega total al plan de salvación al aceptar ser la madre de Jesús. En los templos y parroquias dominicanas, las eucaristías de este día se tornan en una emotiva ofrenda de amor, donde se pide la intercesión y bendición para las madres vivas y se elevan oraciones por el descanso eterno de aquellas que ya partieron.
Por su parte, el pueblo evangélico y las iglesias protestantes abrazan esta fecha con una alta solemnidad litúrgica orientada a la acción de gracias. Basados en mandamientos bíblicos fundamentales como "Honra a tu padre y a tu madre" (Éxodo 20:12), los templos evangélicos dedican sus servicios dominicales a bendecir públicamente a las mujeres que han asumido el rol de criar y pastorear el hogar. A través de cánticos, reflexiones basadas en mujeres ejemplares de las Escrituras —como Sara, Ana o la propia María en su rol humano y ejemplar—, las comunidades evangélicas entregan obsequios, realizan oraciones comunitarias y enaltecen el valor de las madres como las principales transmisoras de la fe y los valores morales a las nuevas generaciones.
Origen de una tradición con base cívica y moral
Esta reverencia que se respira en los templos dominicanos conecta perfectamente con el origen de la efeméride en el país. Instituido formalmente en 1926 durante el mandato del presidente Horacio Vásquez, el Día de las Madres nació de la visión de la educadora Trina de Moya (autora del emblemático Himno a la Madre) y de la insigne maestra Ercilia Pepín. Ambas mujeres, guiadas por un profundo sentido del orden, la moral y el respeto ciudadano, concibieron esta fecha no como un evento de consumo, sino como un acto de justicia y honor hacia el ser que sostiene el tejido espiritual de la nación dominicana.
31 de mayo 2026

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